Presentación de La fuerza de los débiles

Por: Hugo Savino
10 junio, 2021
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Con algunas cartas por el Laberinto de Amador Fernández-Savater

El recuerdo de haber estado muchas veces en la plaza del 15M está en mi lectura. Estuve solo y con amigos. La mayor parte de las veces con Isidro Herrea. Fue mi Virgilio en esa plaza, pero yo no escribí una Divina Comedia. Hice mis relaciones y asociaciones. Esta breve historicidad la tuve en cuenta cuando leí el libro de Amador. Voy a presentar algunas cartas posibles de mi lectura.

Leo el libro de Amador y me encuentro con Amador Fernández- Savater, que es el que escribe. Amador es mi amigo. Pero la amistad no sirve para leer. Uno lee al que firma con nombre y apellido. «Todo parecía lo mismo esos días pero ya nada lo era, ni siquiera los amigos…». Este libro confronta a cada uno con su propia experiencia, si no se deja comer la lectura por la voz del amo.

Leo este libro desde mi práctica. Traducir. Lo primero que observo es que Amador puso el cuerpo en el lenguaje. Y no el lenguaje en el cuerpo. Evitó cualquier realismo y sobre todo el realismo lógico, esa dominante del pensamiento político actual. Se enfrentó a ese realismo asumiendo que el lenguaje es una guerra, que más que para comunicar sirve para vivir.

Parto de la idea central del escritor argentino Néstor Sánchez que decía que un buen libro no se puede contar por teléfono. Y esta es otra de las virtudes de este libro : hay que leerlo.

Amador entra en este laberinto que explora a la manera de una leyenda. Digo leyenda: o sea que debe leerse. Puesto que hay una cantidad considerable de libros que se escriben para no ser leídos, se escriben solo como tarjeta de presentación.

«Lo que debe leerse suena como una novedad considerable en el momento en que se puede decir que una gran cantidad de libros no exigen ser leídos. Leer es una actividad cada vez más arruinada por lo numérico.» (Philippe Sollers)

Otra carta posible es la frase de Proust : «la verdad es que, como dice mi cuñado Palamedes, entre uno y cada persona está el muro de una lengua extranjera.» Cada libro escrito y no solo publicado es ese muro. Amador es el extranjero de su propia experiencia, de su hacer 15M. Es el lector de ese hacer.

El otro aspecto, aquí le pido ayuda a Jack Kerouac, que inventó esta fórmula definitiva mientras leía a Shakespeare: hay escritores que escriben con la ropa oficial, esa que da el Estado a cambio de relatos edificantes, el que sea, y los que escriben como forasteros. Amador es el meteco de su propia experiencia. Los que escriben sin pedirle la pluma de ganso al estado son los que apuran un deslizamiento fuera de su generación.

Otro lugar del que creo que Amador zafa, es del lugar de la modernidad o la mierdonidad como escribe Michel Leiris. Cada modernidad funciona como un Estado, con sus funcionarios culturales, nos dicta las lecturas y nos impone su letra, y por consiguiente su lengua de palo. Y sobre todo se obstina en no hacerle un hueco a lo nuevo. El 15 M es algo nuevo para ese Amador Savater del 2011 que recorre la plaza y los barrios, discute con los amigos, abuchea. Y algo nuevo obliga a un discurso nuevo. La modernidad de Amador es la lectura sin red, y pasa por André Glucksman, Henri Meschonnic, Lyotard, Rozitchner o Maquiavelo y Spinoza. Y vuelta a T.E.Lawrence.

Leer desde la leyenda en el sentido que dije, lo que se debe leer, es una lucha contra el borramiento. Y ese es el eje del libro de Amador. Una crítica, y no una polémica, porque la polémica la desatan, la convocan los ganadores. Él escribe una crítica que se critica en el movimiento, en el banco de carpintero donde el sentido se hace y se deshace, una critica a la sintaxis normalizadora del mantenimiento del orden. En el territorio del mantenimiento del orden reina el informacionismo y su socio, el relato, y el experto que lo organiza, y el mejor experto, como lo demostró Guy Debord, es el que mejor miente. Lo cito a Amador : «Este partido ya no lo puede jugar cualquiera, sino un equipo altamente especializado.Los constructores de relato, de símbolos, de imágenes, de argumentarios, de marcos de sentido, de mitos, de story-telling. Los intelectuales dan un paso al frente, el resto al banquillo. ¡Pobres círculos!»

En un pasaje del libro entra Henri Meschonnic y el problema de la traducción. No leeré la cita, no le sacaré ese placer al lector. Pero lo invocaré a Meschonnic con otra frase: «El ejemplo de la traducción es directa y únicamente lenguajero y es muy importante porque es difuso. Las relaciones entre las lenguas se hacen mediante la traducción.» No digo que el 15M sea una obra literaria, pero Amador lo cuenta, lo escucha y lo rememora desde su épica, sabe que no se trata de una lengua, sino de las lenguas y de las relaciones entre ellas. Creo que transmite, por lo menos a mí, que hay tantos 15 M como sujetos. Y se hace esta pregunta: ¿«Qué es lo que hay que traducir?» Y esta misma pregunta lo sitúa en su escucha. Intenta traducir el ritmo que escucha.

Amador no quiere traducir desde el signo. El signo es: forma/fondo, sonido/sentido y todas las dualidades que quieran, y para Amador, la traducción es escucha de un discurso. La traducción institucional es sorda a lo singular. Sorda a la fuerza de los débiles. Ecos de Meschonnic, ecos de Lyotard.

Me parece muy importante que Amador releve un pequeño detalle, que siempre son los más significativos: un detalle que alude a la traducción de Mark Twain. Dice que uno no traduce del inglés, uno traduce lo Twain del inglés. Lo que Twain le hace a la lengua inglesa. Y este ejemplo, pequeño, casi insignificante para un realista lógico muestra un episodio de la guerra del lenguaje que está en curso: el trabajo de borramiento que se hace con la obra de Mark Twain. Su traductor al francés Bernrad Hoepffner lo cuenta mejor: «Lo que Twain cuenta es la historia de la emancipación de un negro; algo que, hacia 1880, incluso después de la guerra de Secesión, ya era un antiracismo. Un chico blanco ayuda a un esclavo negro en fuga. Nadie podía entender eso. El mismo Huck tampoco lo entendía muy bien: él se fugó con un negro, vive con él, bebe incluso en el mismo jarro que él.Aún en 1960, eso era algo inconcebible. También es un libro fundador en ese sentido. Por algo Toni Morrison saludó la obra de Twain.»

Creo que Amador está en este surco de la escucha. Salir de lo que él mismo llama super-lengua. Que sería una especie de super-texto que nos explicaría todo. El super-texto es la ganga de los profesionales del pensamiento. Y cada vez que ellos predican no adviene la alteridad, solo se produce una fijeza de la identidad, de lo identitario.

El libro de Amador tiene varios rechazos, rechazo a la normalización sintáctica, o sea a una sola lengua, y rechazo al saber que se instituye en poder: «La implicación colectiva es un estorbo, deben mandar los que saben: ahí está la eficacia. No se pretende inventar una nueva relación con la política (por lo tanto con la vida en común), sino simplemente una nueva política de los políticos.» Para Amador la traducción que no relaciona, no escucha. La que solo busca eficacia, no traduce. La que traduce «con saberes hace lo que se sabe y sabe lo que hace.» (Henri Meschonnic). O sea : si mandan los que saben solo se va a hacer lo que ellos saben. Solo conoceremos su saber. Osip Mandelstam decía en El Estado y el ritmo: «Cuando buscamos estructurar la sociedad para sacarla del caos y conducirla hacia una existencia orgánica, armónica, tenemos tendencia a olvidar que es ante todo la persona que debe serlo. Un individuo amorfo, informe, inconsistente, es el mayor enemigo.»

El libro de Amador es entre otras cosas, un alegato a favor de la persona, esa que lleva encima la humanidad entera (Montaigne). «Los que saben» se bañan todos los días en ese realismo lógico, esa “eficacia” que dice que una persona es apenas un fragmento de la humanidad. El libro de Amador se escribe en ese pensar contra, para poder pensar otra cosa. Para poder pensar otro modo de traducir que incluya la relación, una relación que no esté basada en jerarquía de saberes. Pensar contra la profesionalización de la vida. Una crítica que no sea solidaria de lo que dice criticar. En ese pensar contra, Amador apuesta a la fuerza de los débiles para contrabalancear los efectos de ˝intriga de palacio», para «desplazar los límites del tablero». Contra la hegemonía de una lengua que le habla a la lengua. Para Amador, hegemonía equivale a borramiento, a identitario. Amador trata de salir de lo que llama «el teatro de la compensación» para buscar ese ritmo que ninguna hegemonía se tragará.

Savino. Tabakalera
Hugo Savino
Traductor, escritor, poeta

Traductor, escritor, poeta. Autor de libros de ensayos como Salto de Mata y Furgón de Cola que reúnen retratos y reseñas sobre distintos autores. Y las novelas Viento del Noroeste y La mañana sol de limón.
Tradujo para editoriales de Argentina y España, entre ellas Paidos, Losada, Tinta Limón, Arena Libros y Mármara.
Entre los autores traducidos están entre otros, Balzac, Maupassant, Jarry, Maurice Blanchot, Louis René Des Forets, Henri Meschonnic.

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Foto: blogs.carleton.edu

Amador Fernández-Savater

Mezcla actividades intelectuales y políticas. Publicó un libro de ensayos en 1999 (Filosofía y acción, Editorialímite, Santander). Participa en la editorial Acuarela Libros desde su fundación hace ahora 10 años. Acuarela ha sido una de las primeras editoriales en proteger sistemáticamente sus libros con las licencias Creative Commons, con resultados muy positivos a todos los niveles. Ha co-dirigido los últimos años la revista Archipiélago y ha participado activamente en varios movimientos sociales (estudiantil, antiglobalización, copyleft, no a la guerra, V de Vivienda…). Es co-autor de un libro sobre la experiencia de la Red Ciudadana tras el 11-M (Acuarela Libros A. Machado, Madrid, 2008).

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